son las Escrituras quienes mejor
interpretan a las Escrituras.

Esta es la regla # 2 de los principios generales de
interpretación bíblica dados en el libro: “Entendamos 24 principios básicos
para interpretar la Biblia”.
La Biblia nos relata que uno de los primeros intérpretes de
la Palabra de Dios fue el diablo. “Pero la serpiente era astuta, más que todos
los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer:
¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer
respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer;
pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de
él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer:
No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos
vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal” (Génesis 3: 1-5).
Dios había dicho anteriormente: “De todo árbol del huerto
podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque
el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2: 16, 17). Satanás no
negó estas palabras. Más bien las tergiversó, y les dio un sentido que no
tenían. Esta clase de error se produce por omisión y por adición.
Omisión: consiste en citar sólo aquella parte del pasaje que
conviene y omitir el resto. La Biblia nos habla de dos clases de muerte: la
física y la espiritual. La muerte física es la separación del alma del cuerpo.
La muerte espiritual es la separación del alma de Dios. Cuando Dios le dijo a
Adán: “Ciertamente morirás” (Génesis 2: 17), se refería a la muerte tanto
espiritual como física. Cuando la serpiente, en cambio, le dijo a Eva: “No
moriréis” (Génesis 3:4), intencionadamente omitió toda referencia a la muerte
espiritual.
Adición: consiste en decir más de lo que la Biblia dice en
realidad. En su conversación con Satanás, Eva cita lo que Dios le había dicho a
su marido. Pero agrega a lo dicho por Dios la frase: “ni le tocaréis” (Génesis
3:3). Uno puede tergiversar las Escrituras para hacer que digan más de lo que
en realidad dicen. Muchas veces la razón del “agregado” radica en el deseo de
hacer que el mandato de Dios parezca irrazonable y por tanto indigno de ser
obedecido.
Cuando estudias la Biblia, deja que te hable por sí sola. Ni
quites ni añadas. Que la Biblia sea su propio comentario. Compara Escritura con
Escritura.
Isaías dice, por ejemplo: “Por tanto, el Señor mismo os dará
señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre
Emanuel” (Isaías 7: 14). En el idioma hebreo en que fue escrito originalmente
este libro, la palabra que nuestra versión y otras traducen como “virgen” puede
en realidad ser traducida indistintamente como “mujer joven” o como “virgen”.
Mateo el evangelista cita este mismo versículo en relación con el nacimiento
virginal de Jesucristo (Mateo 1:23). En el griego, sin embargo, la palabra sólo
admite un significado: “virgen”. En otras palabras, Mateo nos interpreta lo
dicho por Isaías y nosotros traducimos la expresión del profeta mediante el
vocablo “virgen”.
Esta segunda regla
tendrá su mayor aplicación en las grandes verdades de la Biblia, más bien que
en versículos específicos. Una de esas verdades es la de la seguridad de la
salvación. Podríamos citar versículos separados que presten su apoyo a ambas
posiciones, si se pierde o no la salvación. Pablo dijo a los Gálatas: “De la
gracia habéis caído” (Gálatas 5:4). Al leer esto, lógicamente podríamos pensar
que es posible perder la salvación luego de obtenida.
Pero, por otra parte, Jesús dijo: “Mis ovejas oyen mi voz, y
yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni
nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y
nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre” (Juan 10:27-29).
¿En cuál de los dos versículos nos apoyamos? Un estudio a
fondo del tema de la seguridad de la salvación, al comparar Escritura con
Escritura, nos confirmará que el que cree puede tener la certeza de haber sido
salvado una vez para siempre a base de la obra terminada de Cristo en la cruz
del Calvario.
Otra aplicación de esta regla tiene que ver con el uso de
las referencias que nuestras Biblias dan al margen o al pie de la página.
Cuando estudiamos un capítulo o un párrafo de la Biblia debemos buscar el sentido
del mismo primordialmente en el contexto. Las referencias mencionadas tienen su
utilidad, pero principalmente en lo que se refiere al pensamiento central del
pasaje en vez de sólo a una palabra o frase.
Por ejemplo, al estudiar la crucifixión de Cristo en Mateo
27: 27-50, debemos buscar las referencias que tengan que ver con el versículo
35: “Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando
suertes”. Un buen sistema de referencias incluiría, en este caso, el Salmo 22:
18, que es el versículo del Antiguo Testamento que aquí se cita. Pero también
hará mención de Marcos 15:24, Lucas 23:33, 34 y Juan 19:23, 24, pasajes todos
que relatan la crucifixión en forma paralela a los otros Evangelios. Otras
referencias de orden secundario serían: Josué 7: 21, 1 Reyes 11: 29 y Daniel
7:9 que se refieren al tema “vestidos”.
Pero en todos estos ejemplos permanece incólume el principio
fundamental: deja que las Escrituras expliquen a las Escrituras. La Biblia se
interpretará a sí misma si se estudia correctamente.
Tomado originalmente de: Entendamos 24 principios básicos
para interpretar la Biblia.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario